Cómo explicar el diagnóstico de autismo a tu hijo

Cómo explicar el diagnóstico de autismo. Orientaciones prácticas para hablar del TEA.

Alejandra Quiroz

2/16/20262 min leer

Una de las preocupaciones que más aparece en las familias no es el diagnóstico en sí, sino qué hacer con él después. Sobre todo, cómo y cuándo hablarlo con la propia persona.

No suele ser una duda técnica.

Suele venir acompañada de miedo, de cuidado, de muchas preguntas sin respuesta clara.

¿Y si se siente señalado?

¿Y si cambia la forma en la que se mira?

¿Y si decirlo es demasiado pronto… o demasiado tarde?

Son preguntas normales. No hablan de inseguridad. Hablan de implicación.

Hay algo importante que puede aliviar parte de esa angustia: la persona ya percibe que su experiencia del mundo no siempre encaja con la de los demás, aunque aún no tenga palabras para explicarlo.

Muchas personas con TEA notan desde muy pronto que algunas cosas les afectan más, que necesitan más previsión, que ciertos ruidos molestan más de lo que parecen molestar a otros, o que los cambios les desorganizan. En muchos casos, esto tiene que ver con cómo su sistema nervioso procesa la información sensorial.

No es que su cerebro sea distinto.

Es el mismo cerebro humano, pero funcionando con una organización particular.

Cuando nadie pone palabras a estas vivencias, intenta explicárselas solo.

Y esas explicaciones no siempre son amables.

Hablar del diagnóstico no es reducir a la persona a una etiqueta.

Es evitar que se explique desde la culpa o desde el “algo está mal en mí”.

No existe una edad exacta para tener esta conversación.

Tampoco una fórmula universal. Cada persona y cada familia tienen su propio ritmo.

Lo que suele marcar la diferencia no es la edad, sino el momento emocional. No ayuda hacerlo en medio de una crisis o cuando el adulto está desbordado. Suele ser más fácil cuando hay calma, cuando el niño se siente seguro.

En muchos casos es la propia persona quien marca el ritmo, con preguntas sencillas o comparaciones. Y no, casi nunca es una única conversación. Es un proceso.

El lenguaje importa, no porque tenga que ser perfecto, sino porque tiene que ser comprensible.

A veces basta con algo así:

Tu cerebro funciona de una manera particular. A eso lo llamamos autismo. Eso hace que algunas cosas se te den muy bien y que otras necesiten más ayuda o más tiempo. Saberlo nos ayuda a entenderte mejor y a buscar lo que necesitas.

El mensaje de fondo es sencillo:

no hay una forma correcta y otra incorrecta de funcionar.

Hay distintas maneras de procesar el mundo.

El objetivo no es informar.

Es acompañar.

Después pueden pasar muchas cosas. Algunos preguntan más. Otros guardan silencio. Otros vuelven al tema semanas después. Todo eso forma parte del proceso.

Acompañar no es repetir el diagnóstico constantemente.

Es tenerlo presente para ajustar el entorno cuando hace falta, validar las dificultades sin dramatizarlas y reconocer también las fortalezas.

Comprender cómo uno funciona no es una carga.

Es una base.

Blooming Minds

Donde ser uno mismo es siempre suficiente.